David, siempre seguiremos pedaleando a tu rueda

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Con 41 años, David Cañada, ya era todo un luchador. Ciclista profesional con muchas victorias a sus espaldas nos sorprendía por su gran capacidad de sufrimiento y sobretodo por su bondad y amabilidad con todos nosotros.

Él también luchó contra el cáncer y no sólo una vez, sino dos; y consiguió vencerlos.

Todo un referente dentro del panorama deportivo de nuestro país, llegó a lo más alto tanto a nivel profesional como a nivel personal.

Cuando le llamamos para pedirle que colaborara con nosotros no dudó ni un segundo y nos ofreció todo su apoyo y solidaridad. Es más, se mostró totalmente entregado ofreciéndose para todo aquello que pudiéramos necesitar, él también deseaba poder ayudar a los demás.

Hoy, sábado 28 de mayo de 2016, estamos totalmente desolados ante la pérdida, en la prueba cicloturista Puertos de la Ribagorza , de éste gran deportista y excepcional persona que formaba parte y lucía los colores de nuestra asociación.

Le damos nuestro más sentido pésame a sus familiares y les prometemos que David siempre formará parte de nuestros corazones. Él nos dio todo su apoyo y amistad y nosotros le estaremos eternamente agradecidos.

Superó dos cánceres y el destino ha querido que su recuerdo quede siempre ligado a una causa tan noble como es la de ayudar a todas aquellas personas que sufren ésta grave enfermedad y, que como él, han de pasar por un largo y duro camino hacia la recuperación.

Desde la Asociación, continuaremos trabajando para mejorar la calidad de vida de todos aquellos que están sufriendo. Ahora más que nunca nos debemos a éste gran proyecto que ha nacido del esfuerzo e ilusión de personas, que como David, creían en el poder de la solidaridad y bondad para y por los demás.

Nunca te olvidaremos.

Tus eternos admiradores y amigos.

Asociación Aprovéchate del cáncer ¡y crece!

Ahora soy una persona diferente.

Podría decir que soy una persona diferente después de ver lo que me a aportado esta enfermedad.

Dicho de manera muy sencilla pero que a la vez es triste por no haberme dado cuenta antes y tener que pasar por algo tan duro como un cáncer para “ saber apreciar el valor de la vida” , la oportunidad de crecer como personas y tener un tiempo donde poder aumentar nuestros niveles de consciencia para ir poco a poco sintiéndonos mas plenos y disfrutando de nosotros mismos, de los demás y de todo nuestro entorno.

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Darme cuenta que la vida es una escuela donde todo lo que se nos presenta son los escenarios que debemos, sabemos y podemos superar para adquirir los valores necesarios que cada uno debe ir aprendiendo.

Y de forma mas precisa sustentarnos en pilares fundamentales como la meditación, la alimentación o el deporte, que nos llevaran a otros mucho mas importantes como el amor, la bondad, la compasión etc .

Saber también que cada uno, como en la propia enfermedad, tiene que tratar primero lo mas interno primero para después poder curar lo que nos pasa en nuestro entorno mas externo, ( nuestras relaciones con los demás, problemas laborales, como nos afectan las noticias de la sociedad etc ), es decir, primero tenemos que encontrar nuestro equilibrio en todos los sentidos para soportar que ninguna de las circunstancias que se producen en nuestra vida nos saquen de dicho equilibrio, de igual manera que lo primero que hace un árbol es enraizarse fuerte para que mas adelante ni el viento, la lluvia ni nada de lo que llegue lo pueda mover.

Todo esto extrapolado a nuestra vida hará que vivamos con mucha mas plenitud y con muchas mas armonía con las personas que convives.

Ahora después de la presencia del cáncer en mi vida también creo haber aprendido a ser mas agradecido con todo en general pero con mi mujer, mi hija mis padres ( genéticos y políticos ) y hermanos…en particular quienes gracias a su amor, cuidados y paciencia también han intervenido de manera decisoria en esta transformación-evolución.

Raúl  Villacampa Buira, 40 años

De la Quimio al Ironman

De la Quimio al Ironman

Tipología de cáncer: Tumor germinal de nivel III en el testículo con metástasis en el abdomen y en ambos pulmones, así como en diversas zonas del tórax

Me llamo Raúl Villacampa tengo 41 años, estoy casado y tengo una hija que se llama Laura de 12 años.

Para que lo comprendáis bien, os pongo en antecedentes de lo que ha sido mi vida desde el año 2006. Año en el que se me diagnostica un tumor germinal de nivel III en el testículo con metástasis en el abdomen y en ambos pulmones, así como en diversas zonas del tórax.

Hacía algunos meses que tenía un dolor intenso en la zona lumbar, pero evidentemente durante los dos meses que me trataron con calmantes, lo que se suponía era una hernia discal, no mitigaban ese dolor sino que iba aumentando. Hasta que un día en una plaza de Jaca me desmaye por asfixia pues tenía los dos pulmones “encharcados”. Al día siguiente me operaban y me extirpaban un testículo y a la vez empezaba mi ciclo de quimioterapia. Las expectativas no debían ser muy esperanzadoras cuando le decían los médicos a mi familia que no tenía muchas posibilidades. La quimioterapia continuó los siguientes 6 meses, hasta completar un total de siete ciclos. Me ingresaban una semana entera para administrarme un ciclo de quimioterapia y luego me daban 21 días para recuperarme.

Cuando había luchado con todas las células existentes en todo mi ser para mejorar día a día y poder alcanzar un nivel físico aceptable (andar unos 15 o 20 minutos seguidos) me decían que me quedaban dos días para volver a ingresar porque concluían los 21 días.

Me habían administrado toda la quimioterapia que previsiblemente mi cuerpo podía soportar y por suerte poco a poco mis marcadores tumorales descendieron a niveles normales, pero aun quedaban bastantes focos de metástasis por todo el tórax que se hicieron resistentes a la quimioterapia y había que extirparlos. Así que después de todo esto, entraba en juego la cirugía y sin dar muchos detalles técnicos, la primera intervención supone abrir el abdomen ( desde la pelvis hasta el esternón ) y posteriormente una vez recién recuperado me operan de los dos costados abriendo ambas partes de las costillas . Pero todavía quedan algunos focos inaccesibles a los que poco a poco y hasta el día de hoy hay que darles “ caña “ para que ni se les ocurra sacar la cabeza, por que han de saber que les pasará como al resto de sus ejércitos de tumor “ serán derrotados”. ¿Que como se hace? Luchando como todo en esta vida, pero para eso tienes que tener ganas de LUCHAR POR VIVIR.

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Con todo esto no quiero en ningún momento crear sentimiento alguno de pena, lastima…, nada mas alejado de la realidad. Puesto que toda esta experiencia que he relatado de una manera resumida, es a pesar de lo dura que ha sido, la mejor experiencia que he tenido, puesto que es la única que ha logrado que DISFRUTE DE CADA MINUTO DE VIDA.

* Durante el tratamiento.

Ahora me doy cuenta de la cantidad de gente que esta pasando por tragos parecidos o peores, que como yo caen asustados en este mundo del CÁNCER en el que desde el principio solo haces que pegar palos de ciego, por que no sabes como luchar.

Al final, una de mis principales conclusiones es que el cáncer se va comiendo lentamente o de una manera fugaz a cada uno de los individuos que lo padecen, principalmente a nivel físico. Y actualmente la medicina actual el tratamiento que propone “La quimio” también te destruye físicamente ( ojo: bendita quimio que a algunos nos permite el poder contarlo hasta el día de hoy).

Así que hay que remontar al cáncer y a la quimioterapia las fuerzas que nos va quitando, e ir ganando el pulso poco a poco a nivel físico, mental, emocional… para pensar que no nos esta ganando la batalla de nuestra vida.

Además tienes que controlar también como afecta todo esto a tu entorno mas próximo ( mujer, hijos, padres, hermanos…) puesto que ellos lo sufren de manera diferente pero también intensamente el sufrimiento que provoca la enfermedad. Por eso, creo que ir aumentando nuestros niveles de conocimiento de cómo enfrentarnos a esta enfermedad proporcionara también seguridad en nuestra familia y por lo tanto en cierta manera mitigaremos el sufrir del acompañante que es casi mas doloroso que el nuestro propio.

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*Con mi mujer Rut entrenando para el Ironman                 * Con mi hija Laura poco después de recuperarme

Raúl Villacampa Buira, 40 años

Tengo 12 años y mis dos padres han pasado por un cáncer.

Primero fue mi padre el que tuvo un cáncer cuando yo tenía un año, así que no me acuerdo prácticamente de nada, tan solo recuerdo momentos concretos, como el día en que ayudé a mi madre a raparle la cabeza antes de que le cayera el pelo por culpa de la quimio. Recuerdo que me contaron que quería parecerse a un amigo nuestro que es totalmente calvo. ¡Fue la manera de que yo me divirtiera cortándole el pelo!

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Así que lo verdaderamente duro para mi, fue cuando mis padres me llamaron una tarde y en el salón de casa me dijeron que mi madre tenía un cáncer de mama. Yo tengo 12 años y dos padres ya curados de cáncer, soy una persona con mucha suerte.

Después de unos cuantos días fuimos asimilando al noticia y nos fuimos dando cuenta de que nos sería tan duro como en el cáncer de mi padre. A mamá no le iban a dar quimio y con un par de operaciones todo estaría solucionado.

Llegó el momento de la primera operación. Yo me quedé con mis abuelos y cuando fuimos a visitarla esa misma tarde me impacto bastante, nunca había visto a mi madre en aquel estado: amarilla, anestesiada, enferma,… es decir, hecha polvo.

De repente empecé a sentir un calor interno muy desagradable por todo el cuerpo y empecé a marearme. No quería decírselo a nadie para que no se preocuparan por mi, pero al final tuve que salir a la calle para que me diera el aire fresco.

Durante unos días mi madre estuvo ingresada. Nosotros íbamos a verla y cada vez estaba mejor. Fue mejorando día a día y yo cada día estaba más contenta.

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Cada mes tenía que ir a hincharse el expansor (que es como un globo) para que así la prótesis del pecho le cupiera bien en el cuerpo. Todo el día se estaba quejando de dolor y yo tenía unas ganas tremendas de que le pusieran la prótesis final para que dejara de sufrir. Cuando por fin se la pusieron todo fue genial y le quedó igual que su otro pecho.

Todo ha pasado muy rápido y no lo recuerdo todo tan malo, únicamente las navidades no fueron las mismas de siempre.

Laura Villacampa. Hija de madre con cáncer de mama y padre con cáncer de testículo y metástasis general. 12 años

¡ I,m not different, I,m original !

¡ I,m not different, I,m original !

Hacía poco tiempo que me había hecho una revisión y estaba todo en orden. Quedaban quince días para Navidad y una noche, al acostarme, me palpo el pecho izquierdo por casualidad y … ¿un bultito? – Vaya, va a ser otro quiste de los de siempre, pero por si a caso, voy a llamar a mi médica a ver que hacemos. –

Entro en la sala del ecógrafo, me miran y … hay dos en vez de uno y no tienen muy buena pinta, hay que biopsiar. Nerviosa, pero sin miedo porque estoy convencida que no serán nada, aprieto los dientes y aguanto el dolor lo mejor que puedo.

Me voy a casa y a los pocos días recibimos la llamada que cambiará nuestras vidas para siempre.

Lo más difícil fue darle la noticia a la peque de la casa. Su padre ya había pasado un cáncer cuando ella tenía 1 año y ahora me tocaba a mi. Con 11 años le tocaba ser fuerte y asumir que venían curvas.

Lloramos lo necesario para poder empezar el camino con fuerza. Sabíamos que no había metástasis y eso era lo más importante.

La segunda prueba reveló 6 tumores en total . En ese momento me asusté y lloré, pero opté por pensar en que todo tenía solución, un poco más drástica de lo que yo me imaginaba, pero con final feliz.

La primera operación fue después de Navidad, el día 6 de enero . El regalo que me trajeron los reyes magos fue una extirpación total del pecho izquierdo y una NO afectación de los ganglios de la axila. El expansor intramuscular estaba colocado y la carrera de obstáculos acababa de empezar.

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No puedo decir que no sintiera dolor, aunque gracias a la morfina y a las tonterías de mi marido por hacerme reír, pasé los días de hospital mucho mejor. Con drenaje en mano me fui a casa y poquito a poco mi cuerpo se fue recuperando.

¿Y quimio? ¿Me van a tener que dar quimio?

 

No había metástasis pero los médicos aún no sabían que tratamiento me iban a dar. Después de varias semanas esperando, por fin llegó la GRAN NOTÍCIA ¡no me tenían que dar quimio! El tumor más grande no superaba los dos centímetros y la probabilidad genética de reproducción era muy bajita descartándose el tratamiento que más miedo me daba de todos.

Animada por completo y con energía suficiente para mover montañas me puse a pedalear (en el gym) sin parar. Sentada en el sillín de la bicicleta y con el cuerpo inmóvil porque estaba recién operada y debía tener mucho cuidado con el expansor y las cicatrices, empecé a pedalear. Que sensación de libertad más increíble. Después de pasar tres semanas entre el hospital y la casa, superar los dolores iniciales y empezar a dejar de tener miedo por todo lo que me estaba pasando, por fin , empezaba a poder actuar con normalidad. Las piernas era lo único que podía mover con total libertad y necesitaba sudar para sentirme bien de nuevo.

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El tema “ducha” en el gimnasio aún me cuesta, pero estoy en ello.

Cada semana me tocaba subir al hospital dónde el doctor me pinchaba un líquido (suero, creo) dentro del expansor para ir hinchándome la cavidad intramuscular. Eso duele, no puedo decir que no, pero bueno … ¡ya pasó!

A los dos meses y ya con la cavidad intramuscular talla 90 llegaba la segunda operación. Prótesis colocada, tratamiento hormonal fijado y para casa.

Actualmente la parte izquierda de mi cuerpo se parece a la de la novia de Frankenstein, pero debo confesar que ME GUSTA 😉 Tal y como me dijo mi hija las primeras semanas de enfermedad “ ¡I,m not different, I,m original!”

Sigo siendo yo pero con un encanto especial: ahora ya no tengo frío porque los sofocones de la menopausia me invaden 😉 , el estrés ya no puede conmigo y la sensación de calma me invade (la vida es bonita y hay que vivirla felizmente) y tengo un pecho que aunque tenga 90 años seguirá estando terso y firme como el de una chica de 20.

En fin, he decidido adaptarme a mi nueva situación y dar gracias cada día por poder seguir estando aquí, más o menos “lisiada”, pero feliz.

 

Rut Farrés. Cáncer de mama. Carcinoma ductal infiltrante de mama multicéntrico, Estadio I.  40 años